Neireth
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El gobierno de Trinidad y Tobago confirmó que un radar de alta tecnología donado por Estados Unidos comenzó a operar entre el 26 y el 27 de noviembre, desde una ubicación apenas a diez kilómetros de la costa venezolana. El ministro de Defensa del archipiélago, Wayne Sturge, reveló a la AFP que el sistema ya transmite información en tiempo real a las fuerzas de seguridad locales, con el objetivo de monitorear tráfico ilícito de drogas, armas, municiones y personas, así como posibles maniobras para evadir el embargo petrolero impuesto a Caracas.
La primera ministra, Kamla Persad-Bissessar —una crítica constante del chavismo—, aclaró que el radar forma parte de una cooperación bilateral y negó que Washington haya solicitado usar el territorio como plataforma ofensiva contra Venezuela. No obstante, la cercanía del dispositivo al espacio aéreo y marítimo venezolano ha encendido las alarmas en Caracas, donde el presidente Nicolás Maduro denuncia que el operativo encubre un plan para derrocarlo y apoderarse de las reservas petroleras del país.
Expertos en seguridad regional consultados por Pulzo advierten que la concentración de activos militares estadounidenses en una zona tan cercana a Venezuela incrementa el riesgo de incidentes accidentales o provocados. “Cualquier error de percepción puede derivar en una confrontación que trasciende el ámbito bilateral y arrastre a Colombia, Brasil y otros actores de la región”, alerta un analista internacional que pidió reserva de su nombre.
El embargo petrolero impuesto por Washington en 2019 continúa vigente y, con la llegada de un segundo mandato de Donald Trump, se esperan más sanciones. El gobierno de Trinidad y Tobago, por su parte, insiste en que su cooperación con Estados Unidos se limita a labores de vigilancia y no implica una postura bélica. Sin embargo, la línea que divide la lucha antidrogas de la política de contención geopolítica cada vez se dibuja más delgada en el Caribe.
Mientras tanto, Caracas ha ordenado a su fuerza armada elevar el estado de alerta en la frontera marítima. La comunidad internacional observa con cautela: el próximo movimiento podría definir no solo el futuro de Venezuela, sino el equilibrio de poder en toda América Latina.
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La primera ministra, Kamla Persad-Bissessar —una crítica constante del chavismo—, aclaró que el radar forma parte de una cooperación bilateral y negó que Washington haya solicitado usar el territorio como plataforma ofensiva contra Venezuela. No obstante, la cercanía del dispositivo al espacio aéreo y marítimo venezolano ha encendido las alarmas en Caracas, donde el presidente Nicolás Maduro denuncia que el operativo encubre un plan para derrocarlo y apoderarse de las reservas petroleras del país.
El Caribe, nuevo escenario de tensión
La instalación del radar coincide con el arribo del USS Gerald R. Ford, el portaviones más grande del mundo, que navega por aguas del Caribe acompañado de otros buques de guerra. A finales de octubre, el destructor USS Gravely atracó en puertos trinitarios, seguido de un contingente de infantes de marina que realizó ejercicios del 16 al 21 de noviembre. Parte de ese personal permanece todavía en el país.Expertos en seguridad regional consultados por Pulzo advierten que la concentración de activos militares estadounidenses en una zona tan cercana a Venezuela incrementa el riesgo de incidentes accidentales o provocados. “Cualquier error de percepción puede derivar en una confrontación que trasciende el ámbito bilateral y arrastre a Colombia, Brasil y otros actores de la región”, alerta un analista internacional que pidió reserva de su nombre.
El embargo petrolero impuesto por Washington en 2019 continúa vigente y, con la llegada de un segundo mandato de Donald Trump, se esperan más sanciones. El gobierno de Trinidad y Tobago, por su parte, insiste en que su cooperación con Estados Unidos se limita a labores de vigilancia y no implica una postura bélica. Sin embargo, la línea que divide la lucha antidrogas de la política de contención geopolítica cada vez se dibuja más delgada en el Caribe.
Mientras tanto, Caracas ha ordenado a su fuerza armada elevar el estado de alerta en la frontera marítima. La comunidad internacional observa con cautela: el próximo movimiento podría definir no solo el futuro de Venezuela, sino el equilibrio de poder en toda América Latina.
Estados Unidos instaló radar frente a Venezuela y eleva advertencia ante cualquier movimiento
Estados Unidos instaló un radar de seguimiento en Trinidad y Tobago, frente a Venezuela.